Agradezco profundamente a los organizadores la oportunidad
que me ofrecen de poderme dirigir a todos Ustedes. *
Vengo a aportarles elementos de un enfoque crítico que cuestiona
totalmente la versión oficial y dominante según la cual “una
terrible epidemia de SIDA está devastando África”.
No pretendo convencer a nadie en apenas quince minutos.Pero sí
me gustaría conseguir interesarles en esta cuestión y, quien
sabe, quizá alguno de Ustedes decida finalmente contribuir a que
África acabe con el SIDA lo antes posible. Sería otro claro
ejemplo de “África, inspiración altermundista”.
Empezaré recomendándoles que en el futuro actúen
como hizo el presidente sudafricano Thabo Mbeki cuando un periodista le
recriminó “perder el tiempo impulsando un debate sobre las causas
del SIDA mientras cada día el VIH infecta 1.500 personas en Sudáfrica
y cada año mueren de SIDA 300.000 sudafricanos”. Mbeki le dijo:
“¿De dónde provienen estas cifras? Yo no lo sé. ¿Lo
sabe Usted? Entonces, explíquemelo”. El periodista se giró
y se marchó.
Este periodista, como Ustedes hasta hoy, se había creído
las cifras oficiales, pero no sabía cómo se obtienen. Les
recomiendo que la próxima vez que alguien suelte estas cifras apocalípticas
oficiales delante de alguno de Ustedes, le pregunten cordialmente: “Disculpe,
¿podría decirme cómo han llegado a estas cifras?”.
Es la pregunta que todo periodista debería hacer a cualquier “especialista
del SIDA” que se permita lanzar este tipo de cifras, y ello antes de reproducirlas
en los medios de comunicación.
Y también les invito a hacer lo que hemos hecho personas y asociaciones
de varios países: Pedir las pruebas científicas de la versión
oficial del SIDA. Pueden dirigirse al Ministerio de Sanidad, al Plan Nacional
del SIDA, a Facultades de Medicina, de Biología, de Farmacia, a
Colegios de Médicos, etc., y pedirles fotocopia de los cinco artículos
científicos de referencia (es decir, los primeros) donde se demuestre
cualquiera de los aspectos de la versión oficial. Y pueden empezar
por las cuestiones decisivas: que el supuesto VIH ha sido aislado, que
los “tests del VIH/SIDA” están validados, que los medicamentos que
están administrando ayudan a las personas diagnosticadas, etc.
Si por casualidad reciben respuesta, les ruego que nos envíen
una copia. La analizaremos y redactaremos una respuesta. Y mucho me temo
que el “diálogo” quede definitivamente interrumpido.
Porque, resumiendo, resulta que no hay prueba científica alguna
de la explicación oficial del SIDA, ni en los puntos clave indicados
ni en cualquier otro, ni de lo que ha ocurrido y ocurre en Europa ni en
cualquier otro lugar.
Centrémonos en África, que es quien nos ha reunido aquí.
Me temo que también Ustedes han dado por buena la versión
oficial, que afirma (aunque con cifras que varían considerablemente,
pues los modelos matemáticos utilizados por los especialistas de
las distintas instituciones son diferentes, con lo que obtienen resultados
bastante divergentes) que África sufre una terrible epidemia de
SIDA que mata cada año a varios millones de subsaharianos, que ha
ocasionado doce o más millones de “huérfanos del SIDA”, que
ha reducido drásticamente la esperanza de vida de la población,
que está dejando sin maestros a las escuelas y sin mano de obra
a las fábricas, y que esto es sólo el comienzo porque “la
pandemia avanza constantemente”. De nuevo les sugiero que pidan a las autoridades
responsables del SIDA los artículos científicos de referencia
probatorios de cada una de estas afirmaciones.
Mientras responden, les adelanto que en los años 1985-86 se hicieron
predicciones catastróficas semejantes, sólo que entonces
se hicieron tanto para Occidente como para África. Por ejemplo:
“En pocos años, el SIDA matará en los países del occidente
industrializado a más personas que todas las demás enfermedades
e infecciones juntas” (Der Spiegel, nº 39, 1985), o bien “La mortal
enfermedad SIDA está tan fuera de control en el África negra
que están condenadas naciones enteras, dejando dentro de los próximos
diez años vastas áreas de tierra ahora poblada sin una sola
persona viviente” (Sunday Express, 23-nov.-1986).
Afortunada y lógicamente, estas predicciones no se cumplieron.
Pero mientras que para Occidente nadie se atreve a hacer de nuevo pronósticos
de este tipo y los especialistas oficiales del SIDA se atribuyen fraudulentamente
que no ocurriesen aquellos, para África sí siguen prediciendo
catástrofes. Eso sí, desplazan el epicentro desde el África
central –donde no se cumplieron los vaticinios- hacia la del Sur, probablemente
atraídas las multinacionales farmacéuticas por la mucho mayor
renta per capita de Sudáfrica (y de Bostwana) respecto del resto
de países africanos.
Para entender los tejemanejes que tienen lugar en torno a África
y el SIDA, conviene saber:
A) En África casi siempre se utiliza una definición de
“caso de SIDA” totalmente distinta de la aplicada en Occidente. En los
países económicamente ricos, para ser declarado “caso de
sida” se tiene que dar positivo a varios tests (que luego veremos que son
una chapuza) y, además, tiene que presentarse alguna de las 29 enfermedades
(neumonía por Pneumocystis Carinii o PCP, tuberculosis pulmonar,
tuberculosis extrapulmonar, candidiasis, herpes, linfoma,…) que han ido
siendo agrupadas bajo el nombre “SIDA”. En África (y en todo
el mal llamado Tercer Mundo) se aplica la denominada “definición
de Bangui”, adoptada en octubre de 1985 en la reunión de la OMS
(Organización Mundial de la Salud) celebrada en la capital de la
República Central Africana.
Básicamente, se considera que una persona enferma es un “caso
de SIDA” si presenta dos de tres signos inespecíficos mayores (pérdida
de peso superior al diez por ciento, diarrea crónica durante más
de un mes, y fiebre intermitente o constante por más de un mes),
y uno de seis signos aún más inespecíficos menores
(tos por más de un mes, picazón generalizada, herpes zoster
recurrente, candidiasis oro-faringeal, herpes simple crónico progresivo,
y linfadenopatía generalizada).
Si un médico occidental diagnosticase un “caso de SIDA” con
estos criterios, sería enjuiciado y borrado del Colegio de Médicos.
En África, es lo establecido por la OMS. Además, distintos
países han aplicado adaptaciones aún más laxas o amplias
de esta “definición de Bangui”.
B) En cuanto a la llamada “VIH-seropositividad”, las afirmaciones de
que una quinta parte, una cuarta, una tercera e incluso la mitad o más
de la población de distintas naciones de África está
“infectada por el VIH”, se basan en la aplicación de unos miles
de tests-chapuza y en una serie de suposiciones tendenciosas e indemostrables.
Por ejemplo, que “un 20 % de la población sudafricana es portadora
del VIH” se basa en extrapolaciones realizadas a partir de aplicar un único
“test VIH” tipo ELISA a unas 15.000 embarazadas al año. Pero incluso
oficialmente en Occidente los ELISA son considerados tests muy poco fiables,
y las propias instrucciones que acompañan al kit de los laboratorios
Abbot utilizado advierten de dos cosas importantísimas:
a) de que puede dar falso positivo “debido a anteriores embarazos”, ¡y
en Sudáfrica el promedio pasa de seis hijos por mujer!; y
b) de algo aún más decisivo: “Por ahora no hay ningún
standard reconocido para establecer la presencia y ausencia de anticuerpos
al VIH-1 en sangre humana”, con lo que los propios fabricantes de los tests
eluden toda responsabilidad en las consecuencias que se deriven de los
resultados que se obtengan de su aplicación. Además, se hacen
las siguientes suposiciones: 1) el mismo porcentaje de resultados positivos
obtenido en embarazadas se aplica a mujeres no embarazadas: 2) por cada
mujer considerada seropositiva se contabiliza un hombre seropositivo; y
3) todo bebé nacido de madre seropositiva es diagnosticado seropositivo.
Así pueden salir las cifras que se desee.
C) Los datos más fiables sobre la incidencia real del SIDA en
África son los del Weekly Epidemiological Record (WER), que recoge
el número de “casos de SIDA” (no de “muertos de SIDA”) de los que
se ha informado a la OMS. El último “registro global del SIDA” que
he encontrado fue publicado el 25 de noviembre del 2001, y recoge el número
acumulado de “casos de SIDA” desde 1981. Pues bien, el número que
aparece para toda África (no sólo la negra), con más
de 650 millones de habitantes (616 en 1990 según el United Nation
Environment Programme del 15 de junio del 2000), es de 1.093.522.
Puesto que no todos los “casos de SIDA” son registrados, se puede multiplicar
esta cifra por dos, por tres, por cuatro, quizá incluso por diez.
Pero absolutamente nada permite seguir afirmando que “dos millones
(o más, por lo de los modelos matemáticos distintos) de africanos
mueren cada año de SIDA”. Y tampoco parece que nada pueda justificar
que la OMS añada “casos no registrados” de forma creciente, de manera
que el número de “casos estimados” ya representa más del
97 % de los “casos totales”...
D) Uno de los aspectos más conmovedores -y manipuladores- del
tema “SIDA en África”, es el de los supuestos “muchos millones de
huérfanos del SIDA”. El punto decisivo es que tampoco hay una definición
estandarizada de “huérfano” ni, menos aún, de “huérfano
de SIDA”. Así, UNICEF define un huérfano como un niño
cuya madre ha muerto, pero la OMS define un huérfano como un niño
que ha perdido ambos padres o sólo la madre. Lo importante es que
“perdido” no significa “muerto” ni, mucho menos, “muerto de SIDA”, sino
que puede indicar simplemente “ausente”. Y uno de los aspectos más
embarazosos es el grado en que la ausencia de un padre puede ser la norma
en determinadas sociedades. Además, hay estudios en los que
no se hace ninguna distinción sobre la causa de orfandad, la cual
en algunas áreas incluye los efectos de la guerra.
E) Y quizás alguien entre Ustedes pueda ayudarme a detectar el
supuesto “impacto desolador del SIDA en África”. Hace tres años
hice los siguientes cálculos, que habría que actualizar.
De acuerdo con los mencionados informes WER de la OMS, todo el continente
africano ha generado entre 1991 y 1999 una cantidad bastante estable de
“casos de SIDA” que oscila entre 60.000 y 90.000 al año, por lo
que se puede tomar la cifra promedio de 75.000 “casos de SIDA” anuales
en la última década. Teniendo en cuenta que la población
es como mínimo de 650 millones, resulta que el 0,011 % de
la población africana sufre, y quizá muere, de “SIDA” cada
año. Como que la esperanza media de vida para África es de
alrededor de 50 años (US Agency for International Development, mayo
1999), la mortalidad normal anual de 650 millones de personas alcanza unos
13 millones. Luego incluso considerando que todos los “casos de SIDA” informados
a la OMS hubiesen muerto, la “epidemia africana de SIDA” representaría
75.000 de entre 13.000.000 de muertes al año, es decir, el 0,57
%. Y queda por resolver el problema de si este 0,57 % de mortali-dad atribuida
al “SIDA” es realmente una nueva mortalidad que puede ser distinguida de
la normal, o si es una pequeña parte de la mortalidad normal a la
que se le ha cambiado el nombre.
Clínicamente: Ya hemos visto cuales son los signos mayores y
menores incluidos en la definición de “caso de SIDA” en África.
Teniendo en cuenta además que, como ya he dicho, hay 29 enfermedades
englobadas en la definición oficial de “SIDA”, y que, como diré
más adelante, hay 68 enfermedades y condiciones documentadas como
causa de posible reacción cruzada en los “tests del SIDA”, puede
concluirse que es totalmente imposible distinguir por razones clínicas
“los síntomas y las enfermedades del SIDA en África” de los
síntomas y las enfermedades habituales en África.
Estadísticamente: Ya hemos visto que los “muertos de SIDA”
representan apenas el 0,57 % de toda la mortalidad africana. La tasa anual
de crecimiento de la población africana se ha situado entre el 2,4
y el 2,8 % desde 1960, lo que ha significado que de los 274 millones en
dicho año se ha pasado a 356 millones en 1970, a 469 millones en
1980 y a los mencionados 616 millones en 1990. Así, en los
casi 25 años en que África lleva “sufriendo una terrible
epidemia de SIDA”, ha aumentado su población en unos 200 millones
de habitantes. Luego parece que las estadísticas no detectan
los supuestos 75.000 “muertos de SIDA” anuales. Y menos cuando están
solapados con todos los demás muertos.
Parece, pues, que la “epidemia de SIDA en África” no es otra
cosa que el rebautizo de una pequeña parte de los muertos de las
enfermedades normales de África. Y parece también que el
“impacto desolador del SIDA en África” sólo lo ven los especialistas
oficiales que llevan puestas las gafas “VIH/SIDA”… y quienes se los creen,
de buena fe o por interés.
No debe sorprender, pues, que el Dr. Malegapuru Makgoba, presidente
del Consejo de Investigación Médica de Sudáfrica,
se viese obligado a reconocer finalmente –tras resistirse una decena de
veces a contestar la correspondiente pregunta formulada por los críticos
en la reunión de Johannesburgo de julio del 2000 del Panel del Presidente
Mbeki- que “no tenemos ninguna cifra real acerca de los ‘casos de SIDA’
ni de los ‘muertos de SIDA’”. Con mayor razón podría haber
añadido “ni de la cantidad de personas ‘infectadas por el VIH’ ni
de los menores de quince años llamados ‘huérfanos del SIDA’”.
Confío en que los elementos que he dado les animen a cuestionar
con rigor la afirmación según la cual “hay una epidemia de
SIDA en África”. Y puesto que Ustedes son personas interesadas en
África, les animo a profundizar este tema y a que apoyen la iniciativa
tomada por el Presidente Mbeki a fines de 1999 de impulsar un debate científico
y público sobre las causas del SIDA.
Para acabar, les enunciaré brevemente algunas de las cuestiones
claves del SIDA en tanto que fenómeno no ya africano sino mundial:
No hay prueba científica alguna de que:
- el supuesto VIH haya sido aislado nunca, por lo que nadie puede afirmar
que exista ni menos aún que mate defensas o células ni que
cause problema de salud alguno;
- los tests utilizados sean fiables, pues nunca han sido validados,
por lo que debería ser prohibida inmediatamente su aplicación.
Es importante saber que hay artículos científicos documentando
68 enfermedades (tuberculosis, malaria, hepatitis, hemofilia, lepra, herpes,
enfermedades autoinmunes,…) o condiciones (embarazo en mujeres que ya han
dado a luz; vacunaciones de hepatitis, de tétanos, de la gripe;
recepción de globulinas; transfusiones; transplantes; sangre ‘pegajosa’
en africanos,…) distintas que pueden hacer dar positivo a los “tests del
SIDA”, con lo que una persona sana y santa puede resultar seropositiva
y verse arrastrada por un engranaje que acabará con ella si no se
aparta a tiempo. En realidad, la única práctica de riesgo
en SIDA es hacerse los tests porque la persona más sana puede dar
positivo, con lo que la arrastrará el engranaje del SIDA y acabará
triturándola si no se aparta a tiempo con información como
la que les estoy dando ahora;
- haya transmisión de algo, ni por vía sexual ni por
ninguna otra;
- en ninguna parte ni en ningún momento haya habido una epidemia
de SIDA. Quienes necesitan de una supuesta “terrible epidemia de SIDA en
el mundo y, en particular, en África” son los que viven del SIDA,
empezando por los especialistas oficiales;
- los medicamentos aplicados en los hospitales resulten positivos para
el conjunto de las persona tratadas. Considero que este punto merece un
mayor desarrollo porque es especialmente sensible. Las combinaciones de
varios medicamentos presentados como anti-VIH conocida como “cócteles”
sólo puede ayudar transitoriamente a enfermos graves, incluso terminales,
casos en que no puede descartarse su aplicación. Aunque se haya
diseñado unos marcadores indirectos (“recuento de T4” y “carga viral”)
cuya manipulación permite hacerlos aparecer como beneficiosos, en
realidad los “cócteles” van debilitando y el paciente muere a medio
plazo. Eso sí, en muchos casos fallece con “carga viral indetectable”,
para alegría de sus médicos. Pero si oficialmente no se puede
encontrar en el moribundo al supuesto VIH que supuestamente es el agente
patógeno, ¿que causa “las muertes de SIDA”? Si se recuerda
que el hígado es el principal órgano desintoxicador, dan
una involuntaria explicación los propios especialistas oficiales
cuando declaran que “al principio, la mayoría se nos morían
de problemas pulmonares, pero en los últimos años se nos
mueren de fallo hepático”. Leer los prospectos pone los pelos de
punta por los graves efectos secundarios (en realidad, primarios) que recogen.
Pero esconden lo más grave: Todos los supuestos antivirales (así
como muchos de los supuestos preventivos, antibióticos en particular)
dañan a las mitocondrias celulares, que están encargadas
de elaborar casi toda nuestra energía. La cada vez mayor debilidad
energética acaba matando a la persona, produciendo en el camino,
entre otras cosas, inmunodeficiencia.
En resumen, según este enfoque, que les animo a profundizar y
a contrastar, el SIDA no tiene entidad biológica-patológica
propia sino que es una construcción occidental moderna a desmontar.
¡Ojalá decidan contribuir a ello, en particular en África!
Para ello, lo primero es no caer en la campaña impulsada internacionalmente
para recoger fondos (diez mil millones de dólares pide la ONU) destinados
a suministrar “cócteles” a los países económicamente
pobres. La verdadera amenaza para África es que lleguen masivamente
los “cócteles”. Lo peligrosa que es esta supuesta solidaridad lo
reflejan las propias estadísticas oficiales. Los cálculos
que hice hace tres años incluían el siguiente: “24,5 millones
de africanos infectados por el VIH” no medicados generan unos 75.000 “pacientes
de SIDA” al año, por lo que se desarrolla un “caso de SIDA” por
cada 326 “VIH-positivos”; en cambio, en los EE.UU. “900.000 VIH-positi-vos”
abundantemente medicados generan unos 45.000 “casos de SIDA”, o sea, un
“caso de SIDA” por cada 20 “VIH-positivos”. Estas cifras pueden interpretarse
como que el tratamiento oficial contra el “VIH/SIDA” multiplica por
más de 16 veces la posibilidad de desarrollar el “SIDA”. Dicho en
general: el porcentaje de “casos de SIDA” respecto a “seropositivos” es
mayor en los países desarrollados, y el porcentaje de “muertos de
SIDA” respecto a “casos de SIDA” también es mayor es los países
más desarrollados. La clave radica en que “más desarrollado”
significa “más medicalizado”, es decir, una mucho mayor administración
de “cócteles” y de supuestos preventivos.
Para contribuir a que África acabe con el SIDA, considero que
lo segundo y estratégicamente decisivo es hacer lo que ya les pedía
antes: apoyar al Presidente Mbeki es sus esfuerzos para que se abra un
debate internacional que permita que esta información pueda circular
y ser contrastada, y sirva de base para tomar medidas que desmonten el
SIDA a fin de proteger a la población.
Muchísimas gracias por el tiempo que me han concedido.
Lluís Botinas i Montell
Coordinador general de la ONG y ONL “Plural-21
Licenciado en Ciencias Económicas por la UB
Doctorando en Sociología en la UB con la Tesis: “Medicina oficial
contra salud. El ejemplo SIDA”
* Intervención efectuada el 16 de octubre del 2004 dentro del
Ciclo “África, inspiración altermundista”, organizado por
la Fundació Akwaba en el Centre Cultural Barradas, de l’Hospitalet
de Llobregat, los ocho sábados desde el 2 de octubre al 20 de noviembre
del 2004. www.fundacioakwaba.org
93.440 76 96